Al contrario que en Lyon, las ciudades gallegas son una jungla donde una especie destaca sobre todas las demás, cual león en la sabana: los buses urbanos (también llamados vitrasas en jerga viguesa). El bus urbano avanza por las calle al parecer siguiendo un código de circulación distinto. Incluso se podría decir que las leyes de la física actúan de manera diferente frente a ellos, abriendo carriles donde
no existen, cambiando los colores de los semáforos y transmutando acera en carretera. En mi modesta opinión, el propio bus es una prolongación de las manos del busero, que hábil como un felino, lo hace pasar por lugares donde apenas libra un par de centímetros a cada lado a velocidades que se me antojan demasiado elevadas. Es por esto que defiendo la idea de que son una especie distinta, sin duda más preparados para la vida en las calles que el común de los mortales. Evolución darwiniana, sin duda. Es más, estas ideas se vieron corroboradas en su día cuando en una encuesta en un periódico de tirada nacional, los buseros de Vigo y Coruña aparecían entre los más peligrosos de España. Craso error el de redactor, que confundió peligro con evolución. A modo de paripé, en su día fue construido un carril bici para disimular esta nueva especie, y evitar estudios más profundos de universidades extranjeras haciéndola pasar por ciudad de calles apacibles…
En mis periplos urbanos, he identificado alguna otra especie superadaptada, como la viejadesupermercado, de la cual ya hablaré algún otro día.
audio: Comfortably Numb, Pink Floyd


