Ah los bibliotecarios, una de esas profesiones de lo menos atractivo de la sociedad, junto con, quizá, liposuccionista y presentador de infocomerciales. Antaño no era así, ser biblitecario era incluso una profesión con glamour, véase si no El Nombre de la Rosa. Pero está claro que eran otros tiempos mejores para el gremio. A día de hoy, los bibliotecarios están sumamente encasillados y corresponden a dos patrones típicos:
- La bibliotecaria: debe ser una señora tirando a mayor, pelo teñido, y gafas de estas para ver de cerca que se llevan medio caídas. Realmente no son para ver de cerca, sino para mirar con cara de asco con la cabeza semilevantada hacia la gente que hay en la biblioteca. Tienen obligación por contrato de gritar psssschtt cada cierto tiempo, regulado según convenio, aunque ellas tienen el privilegio de hablar en alto con sus amistades de temas familiares y cotilleos varios, bien en persona o por teléfono. También es indispensable tener los tacones que más ruido hagan al andar y pasearse de vez en cuando echando miradas de rencor hacia la gente que hace ruidos con los folios. Especialemente sensibles hacia los teléfonos móviles agenos. En cambio, ellas tienen el suyo a todo volumen y con un politono hortera (supongo que también por convenio laboral)
- El bibliotecario: señor cuarentón y super ocupado. Cualquier cosa que hagas le produce mal humor por que lo desconcentra de su tarea importantísima (normalmente hacer sudokus). Tiene obligación de hacerte esperar si vas a coger un libro haciendote un gesto con la mano pero sin apartar la vista de la pantalla del ordenador. Parece ser que hablan, aunque nadie lo ha comprobado empíricamente. Incluso hay gente que dice que tienen vida social, hecho tampoco demostrado. Barba o calvicie a elegir. Otro dato para su identificación es que normalmente usan un teléfono móvil defasado tipo Alcatel One Touch
- Otros casos: aunque muy escasos, han sido identificados otros dos casos de bibliotecario. Uno, relativamente común, sobre todo en verano, es el becario. Seguramente sea una persona normal, o casi normal. El otro, mucho más raro, es el bibliotecario enrollado, que se hace el sueco cuando llevas un mes de multa y no te protesta por que saques dos libros iguales. Esta muy mal visto por el resto del gremio, por lo que suele ser difícil de distinguir a primera vista. Se cree en peligro de extinción.
Y sí, estos días estoy hasta el rabo de estudiar…


