Continuemos. Estábamos en Helsinki cogiendo el barco hasta Tallinn. Están muy cerca, tres horas de crucero. Así que, tras un viaje viviendo en la miseria y comiendo basura, decidimos gastarnos 19€ en un bufet libre de productos escandinavos, y pasarnos todo el viaje comiendo carne de reno y salmón en infinitas variedades. Sin duda dinero bien invertido.
plaza del ayuntamientoY ya al llegar a Tallin, como de costumbre, pues al albergue, que en este caso nos quedaba a un tiro de piedra del puerto y en medio de la old town. Llegamos pasado el mediodía, pero como aquí anochece a las 4, pues entre que dejamos las mochilas y tal, ya se nos hizo de noche. Estuvimos un rato paseando por el centro, viendo el ayuntamiento y Toompea, la ciudadela. He de decir que tampoco vimos demasiado porque las calles estaban desiertas, llovía, y los callejones de ex repúblicas soviéticas no nos daban demasiada confianza. Así que a una hora que me averguenza, nos fuimos a cenar a una beer house, de estas estilo alemán que fabrican su propia cerveza. Así con la tontería, y entre plato y plato, nos bebimos dos litrillos cada uno de una de las mejores cervezas que he probado nunca. También descubrimos que las rusas no hablan demasido inglés…
catedral de Alexander NeviskiPor cierto, en estonia se habla estón, un idioma emparentado con el finlandés y el magyar, y bastante peculiar. En nuestro afán multicultural aprendimos nuestra palabra en estón: terviseks.
El día siguiente nos levantamos temprano para ir a un mercado a las afueras, dispuestos a comprar algo barato para llevarnos de recuerdo. Pero, cual deja vú, nos volvimos a encontrar con una mañana nevada. Y nevada de cojones, con viento casi ventisca. Nos pensamos dos veces lo del mercado, pero pensamos: coño, que aquí esto es normal, si cada vez que nieva no hacen mercado no lo hacen nunca. Así que nos enfundamos en nuestros abrigos y nos fuimos al barrio del puerto, dónde se encontraba el susodicho mercado. Fue una agradable experiencia. El centro está muy turistizado, y aquí se respiraba un ambiente mucho más auténtico, casi de documental. Por razones obvias no sacamos fotos allí, pero es curioso que una verdulera te grite queriéndote vender lechugas semicubiertas por la nieve en medio de una ventisca. Eso sí, lo que es comprar no compramos nada. Aunque si echas de menos los coloridos chandales de los 90, éste es tu sitio.

tallinn (day II)

Nos pasamos el resto del día callejeando por ahí, entrando de cuando en cuando en algún establecimiento para entrar un poco en calor (que andaríamos por los cinco bajo cero) y comprando algún recuerdo. Como resultado, y pese al frio y la nieve en la cara, las fotos quedaron muy bonitas. ¡Y que estamos en escandinavia y aquí lo típico es que nieve, no ver los arbolitos verdes! Repetimos cervezas y a dormir, que al día sigueinte cogíamos temprano el vuelo de vuelta. Y colorín colorado, este vieje se ha acabado…