En el aparcamiento de los headquarters de Apple no hay clases. No hay plazas reservadas para ejecutivos ni para altos cargos. Si llegas tarde, te toca dar vueltas al infinite loop, acechando.
Pero Steve Jobs, haciendo honores a la fama de geta que tiene, aparca encima del cesped cuando no encuentra sitio. Dicen las malas lenguas que a veces aparecen pegatinas en su parabrisas que dicen:
Park Different


