Marian Rejewski estudió matemáticas en la universidad de Poznań, Polonia. Tras graduarse, comenzó a trabajar en la Biuro Szyfrów, la agencia Polaca de criptografía. Allí rompió los códiogos de cifrado alemanes de la máquina enigma, y diseñó la primera máquina que los descifraba automáticamente, la Bomba Kryptologiczna, un ingenio electromecánico llamada así por el ruido que hacía mientras funcionaba.

Monumento a los rompedores del código Enigma

Poco antes de la invasión nazi de Polonia, la Biuro Szyfrów entregó sus descubrimientos a los aliados, y Marian Rejewski fue evacuado a Francia poco después. Allí siguió trabajando en el desciframiento de los códigos nazis, y se entrevistó con el mismísimo Alan Turing antes de que Frania fuese invadida. La caída de Francia le hizo huir de nuevo, pasando incluso por una cárcel española, hasta que logró escapar, vía Gibraltar, hasta Reino Unido. Varios de sus hombres fueron capturados, pero el secreto del desciframiento del código enigma permaneció oculto a los nazis, que lo siguieron usando hasta el final de la guerra. Sin embargo, allí fue apartado de la división de Bletchley Park que se encargaba del codigo enigma, en la que trabajaba Alan Turing, y relegado a una división que trataba con códigos más débiles.
Tras el fin de la guerra, Marian volvió a Polonia, donde trabajó como contable y mantuvo el secreto de sus descubrimientos hasta muchos años después. Muy poca gente en aquel momento conocía la contribución polaca al desenlace de la guerra.

Hoy día se levanta frente a la universidad de Poznań un monolito recordando a Marian y su equipo, pieza clave en el resultado de la Segunda Guerra Mundial, y colateralmente, en el desarrollo de la computación.