Ya estoy de vuelta. Tristemente trabajando de nuevo en la capital imperial.
Venecia es una ciudad increíble. La plaza de san Marcos inundada por el aqua alta es una de las cosas más bonitas que he visto nunca. Tomar un café en un salón de cefé abierto en 1720 no tiene precio (Bueno realmente sí, y alto). Lástima que se vea que la ciudad hace mucho que entro en decadencia, y su esplendor de antaño se ve oculto por millares de tiendas de cristal de murano en la planta baja de palacios que llevan decadas deshabitados.
Verona no desmerece al lado de la capital de su antigua república y aporta el encanto provinciano que hace a las ciudades más acojedoras. Y sin hordas de turistas.
Las fotos de Venecia y Verona, en flickr.



