En 1990 se colocó a la entrada del cuartel general de la CIA, en Langley, Virginia, una extraña escultura, una plancha de cobre, con 865 letras, y de nombre Kryptos. Ocho años después, un agente de la CIA descifró la mayor parte del mensaje que se escondía detrás. Dividió el texto en cuatro partes, cada una cifrada con un método distinto. Logró descifrar las tres primeras, pero los últimos 97 caracteres se le resistieron.
Casi 20 años después, permanece oculto su mensaje, mientras cientos de profesionales y aficcionados a la criptografía tratan deseperadamente de resolverlo, algunos de manera paranoica. Su autor, James Sanborn, ha llegado a recibir llamadas amenazantes y su estudio ha sido atacado en diversas ocasiones. Y la fama de su obra ha sido tal que incluso el Código Da Vinci escondía uno de sus secretos en este mensaje.

La última parte descifrada es un fragmento del diario de Howard Carter, momentos antes de abrir la recién descubierta tumba de Tutankhamon. Can you see anything?
Mientras pasan los años, el autor confiesa que ya se ha ocupado de dejar listo su legado, por si no se descifra el mensaje antes de que él muera. El código que ni siquiera la CIA puede romper, en WIRED.


